miércoles, 28 de enero de 2015

A un jazzista




Paseemos por la acera que vira a las montañas,
paseemos juntos, como amantes que se entregan,
como novios que se aman.

Dejemos que las voces choquen,
dejemos que una a una se pinchen con las espinas del erizo,
y se hagan agua de manantial de tus manos.

Es preciso dejar los retratos que bajo polvo
aún se conservan esperanzados a tocar nuestra piel.
Es preciso caminar desnudos,
                                   sin equipaje
más que el de tu nombre tatuado en el aire.

Paseemos por la acera que vira,
robemos  vírgulas por aquel naranjo de frondosos caminos.


                                                                         Sága

domingo, 30 de noviembre de 2014

El delantal de las derrotas



Un filósofo no está alejado de la poesía
está frustrado de ella.

Durante el día:
intenta buscarla,
sumerge su rostro en agua cristalina
y sale a flote con barro en los ojos,
talla su mente,
esculpe su alma,
pero encuentra nada.
Es como la agonía del ahogado en un pantano:
espera una mano de las letras que lo impulsaron
al vacío.

Un filósofo no busca un plato de verdad,
se encuentra con la casualidad 
y el azar salpicados en su delantal.

La poesía es un pastel rodando en el horno:
Nadie puede abrirlo porque explota,
Nadie busca mancharse con tantas derrotas.

Un filósofo está lleno de derrotas verdaderas,
sufre por la poesía que le ha manchado el alma
como todos los días en su vida arruinada.

Un filósofo es un poeta;
un poeta es un filósofo,
y ambos conviven en agonía.

                                                              
Ian Yetlanezi Chávez Flores



miércoles, 12 de noviembre de 2014

HAMBRE DE MUERTE



La niña tiene hambre,
tiene sed,
tiene frío.
A perdido a su padre
y su madre a partido para no ser testigo.
La niña se ha quedado en la esquina
donde crece el limonero que fuma apacible
y la envenena con la flecha de un vuelo malherido.
Ese tronco, en ceniza queda,
Y cientos de hojas marchitas que penden
Como hierbas en túnel de invierno.
Pasan caminantes cargando piedras de sonido
Pasan rostros cansados con las bocas secas
Pasan perros enceguecidos por los golpes y los naufragios de las calles.
Pasan saliendo, entrando, cruzando, muriendo,
Creciendo en el desierto como rocío que no llega.
Sombra pálida debajo del limonero,
zarpando sin zapatos rotos, con dos olvidos en la mano
pensativa como trino en sed de silencio eterno,
Nadie la ve, nadie la mira,
Pequeña de pómulos hinchados,
de violeto corazón cansado,
espera paciente,
cayendo,
cayendo
cayendo
ataúd con resplandor blanquecino.   

Sága